¿Por qué creo que necesitamos una revolución? Porque miro al mundo y veo un lugar y unos seres maravillosos, pero los cristales con los que se nos hace mirar y los guantes con los que se nos obliga a trabajar, tienen truco. Esos cristales metafóricos se materializan en la propaganda y los mass media que nos presentan un mundo peligroso, lleno de enemigos, voraz, del que sólo podemos salir ilesxs si aplastamos a quienes tenemos al lado. Y unos guantes que encarnan una nueva esclavitud. Una esclavitud moderna que nos somete, sin darnos apenas cuenta, a vivir para trabajar y para consumir. En mi opinión, este estilo de vida que se ha implantado en gran parte de la población mundial y que además es el modelo de desarrollo que se intenta imponer en aquellas sociedades que son diferentes, es un gran error y por ello, creo necesaria una revolución.
La revolución conlleva un cambio. Un cambio profundo, significativo y sobretodo relevante. Un cambio que ha de tornar nuestros paradigmas y guiarnos hacia una construcción social más justa.
Y hablamos de justicia y de construcción social, términos que debido a la multiplicidad de significados que se les ha dado, es difícil que me pare ahora a describir. Grosso modo y para que entendáis el planteamiento de mi pensar y que quisiera darle a este blog, diría que la justicia es aquel principio y procedimiento que constituye igualdad entre todas las personas. Y la construcción social por la que abogo es aquella que rechaza cualquier tipo de dominación o represión de un ser con respecto a otro. Es decir, una sociedad anarquista, para mí, sería el ideal que nos acercaría a la situación más justa que se pueda imaginar.
¿Qué es el anarquismo? También pretendo que sea uno de los temas centrales de este blog, ya que esta era que estamos viviendo se ha encargado de tergiversar la significación de muchos términos que no satisfacían los intereses del poder.
Ahora bien, no podemos obviar la resistencia del ser humano a este porceso de cambio. Las personas se sienten indefensas ante lo desconocido; y frente a la indefensión, como vestigio del animal que fuimos, la persona reacciona violentamente. La sola idea de un cambio en las costumbres genera, mayoritariamente, reacciones violentas. ¿Es cierto que el ser humano es violento o es, cómo ya he dicho, un vestigio de cuando éramos animales que se ha ido retroalimentando? Si así fuese, ¿no es el ser humano la especie con mayor capacidad mental y que por lo tanto puede proponerse y obligarse a cambiar? ¿No es la violencia un acto susceptible de ser erradicado?
En los últimos meses he conocido a compañeras y compañeros, inteligentes y formadxs, que legitiman los actos violentos si van a la postre de un cambio positivo para la sociedad. Por ejemplo, usan mucho como modelo la revolución francesa. Defendían que sin todo ese guillotinazo no se habrían sucedido los avances que nos benefician en la actualidad. Pero yo me pregunto, ¿es posible que después de más de dos siglos no hayamos encontrado otra forma de conseguir cambios relevantes y duraderos? Categóricamente respondo que no. ¿Qué, si no, son los ejemplos de Gandhi, de Luther King, de Madiba y de muchas y muchos más que en este momento se me escapa nombrar? Pues sobre esto también me gustaría ir tratando en el blog. Sobre todas las estrategias y personas que aportan ideas nuevas de cambio, de mejora, de una consecución de justa igualdad.
Nos leemos. Un abrazo a todas y todos.
la Ra.
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